domingo, 13 de septiembre de 2015

Mirar, observar, buscar. Pasado, presente, futuro.

Miro a través de mi ventana y no sé si estoy viendo o buscando. Porque para muchos ver es lo mismo que mirar. Y para otros tantos, mirar es diferente de buscar. Miramos en busca de respuestas, o miramos sin buscar nada. Por cansancio. Porque queremos encontrar algo que tenemos, o encontrar algo que tuvimos. Porque queremos agarrarnos a ese mínimo detalle que parece que está lejos de nuestro alcance, y que puede que no esté tan lejos como creíamos.
¿Quizá miramos para encontrarnos? ¿Quizá dependemos demasiado en lo que vemos a través de esa ventana?

Mirar, observar, buscar. Pasado, presente, Futuro.

Seis ideas tan diferentes pero tan ligadas entre ellas. Porque cuando miramos, sin querer lo hacemos al pasado. O queriendo. Porque cuando observamos, es al presente. Y lo que buscamos es el futuro. Porque puede ser que todo lo que añoramos esté más cerca de lo que pensamos. O quizá más lejos de lo que querríamos.

Miro y callo. Concibo lo que me rodea como algo que debe estar ahí y nada más. Soy inerte. Pero llega un día que me pregunto por qué. Por qué mirar y callar, cuando puedo observar y hablar. Por qué formar parte de un conjunto inerte cuando puedo ser un ser viviente. Vivientes somos todos, pero algunos deciden convertirse en inertes.

Vivir consiste en eso. En participar. En luchar. En ser derrotado. En callar y darse cuenta de que hay que hablar. O incluso gritar. En llorar. En reír. En enfadarse. En equivocarse. En volver a levantarse. Consiste en ser, ser uno mismo, no importa quién o qué.

Y cuando la vida sea dura, cuando creamos que no se puede más. Cuando miremos para detrás intentando buscar algo que estuvo y ya no está, darnos cuenta que siempre hay una razón por la que ha desparecido. Darnos cuenta de que aunque no lo entendamos la vida es sabia. Y si se marchó es porque no nos pertenecía.