miércoles, 19 de noviembre de 2014

Arantxa, por ti y para ti.

Todavía recuerdo a aquella niña, aquel olor a goma y a asfalto, aquellos gritos incesables por todos los rincones. Todavía recuerdo aquella niña tan pequeña pero a la vez tan grande. Mi heroína. Mi referente.  Recuerdo cómo su amor por el baloncesto hizo que yo misma sintiera la necesidad de probar aquel deporte tan extraño para mi. Recuerdo esa coleta saltarina, ese número siete a la espalda, esa sonrisa y esas ganas de trabajar incesables. Tenías algo, emanabas magia, felicidad, entrega. Cómo describir tantos sentimientos en una palabra. Complicado. Probablemente imposible. Sólo con recordar todo aquello, se me eriza cada pedacito de piel en mi cuerpo.

Hiciste que aquella pelota de goma de color anaranjado, aquel objeto redondo con una especie de hilos debajo pegado a un gran recuadro de plástico y a un poste de metal, fuera familiar cuando era totalmente desconocido. Conseguiste que madrugar para sólo ir a verte y animarte fuera algo que esperaba con verdadera ansia. Sí, gracias a ti, yo me fijé en el baloncesto. Gracias a ti, logré entender cómo se podía amar tanto un deporte por el que hacer grandes locuras. Gracias a ti, encontré la felicidad sólo con estar delante de una canasta y un balón, cuando más lo necesitaba.

Sin embargo, como en todo camino hay piedras que dificultan el paso, como en toda gama de color siempre hay una parte más oscura y otra más clara, siempre hay olas para que luego llegue la calma o viceversa. Viene a mi memoria, aquel día en que por circunstancias del destino, llegó la lesión de tu rodilla. Un gran bache en tu camino, pero que no consiguió pararte. Incluso tras cada lágrima, tras cada noche en vela por el dolor, cada día en el que durante la recuperación querías abandonar, seguiste. Nunca te diste por vencida. Sin darte cuenta, de nuevo me inspirabas, eras mi mentor. Eras y eres mi ejemplo. Me enseñaste que cuando quieres algo, luchas hasta el final. Que somos capaces de lograr aquello que nunca imaginábamos.

Pero cuando parece que estamos a flote de nuevo, cuando parece que todo está en calma, los fantasmas vuelven de nuevo. No sólo tuviste que enfrentarte a una lesión de cruzado, tuviste que enfrentarte a dos. De nuevo aquella pesadilla que te atormentó volvió a quitarte el sueño, a  quitarte las ganas de pelear por lo que desde hace muchos años habías hecho un gran esfuerzo. Pero yo lo sabía, sabía que mi hermana, mi heroína volvería y con mucha más fuerza. Contra todo pronóstico pisaste de nuevo una cancha de baloncesto, con la misma ilusión, como aquella niña con el número siete de patio de colegio.

Llega un momento, en el que el punto y final llama a la puerta. El punto y a parte. O quizá el punto y seguido. Llega un momento que hay que decidir, que hay que ser valiente. Por mucho que duela, forma parte de crecer, de hacerse adulto y de madurar. El baloncesto te ha dado mucho, pero tú también has dado mucho al baloncesto. Y no sólo a él, a mí también. Nunca sabré cómo agradecerte todo lo que me has inculcado incluso sin saberlo. Pero sí sé cómo decirte que estoy muy orgullosa de ti. 

Dicen que el mejor sentimiento en la vida es el saber que lo has dado todo por un sueño, que has derramado hasta la última gota de sangre, sudor y lágrimas en la batalla. Y tú lo has superado y con creces. 

Gracias por haberme dado tanto, gracias por haberme abierto las puertas a un mundo maravilloso, gracias por ser la mejor hermana, y gracias por haber luchado hasta el final por tu sueño, el baloncesto.

                                                                                                                Arantxa, por ti y para ti. 



lunes, 28 de julio de 2014

"El ancla que encalle el sentido de nuestro mapa"

Cuando el corazón hace de tinta de mi pluma. 
Cuando mis ojos hablan en vez de mi boca.
Cuando la impulsividad sobrepasa la sensatez. 
Cuando el fuego incendia mi mirada.
Cuando el mar eriza mi piel. 

Mis dedos hablan en vez de mis labios, 
El silencio canta en la inmensidad de la noche, 
Las palabras fluyen por los poros de mi piel.
No hace falta decir nada,
porque sin decir nada lo decimos todo.
Y porque cuando decimos todo no decimos nada. 

Aquella nota que nos estremece, 
El punto débil que se convierte en fuerte.
La melodía donde rompen las olas de tu orilla,
El grano de arena dentro de tus dunas. 

Ser la clave de sol de tu amanecer, 
Ser el viento que estremezca el mar de tu vida.
Ser el mástil de tu risa, 
Ser la espuma de tus oleadas. 

El punto y seguido, en un punto y final,
El capitán de tu sonrisa,
El catalejo de tu tristeza. 
El aliento que se convierte en la brisa y empuja tus pies.

Cuando la brújula de sentimientos no encuentre el rumbo.  
Cuando el capitán se hunda con su barco.
Cuando el horizonte se vea demasiado lejano,
Y cuando atardecer y anochecer se conviertan en uno solo. 

Convertirme en ancla que encalle el sentido de nuestro mapa.



domingo, 27 de julio de 2014

"Con pasos de hormiga, sin prisa pero sin pausa..."

Como una huella, como un rastro, como algo que se queda marcado y que con el paso del tiempo se borra. Sin embargo ¿se borra o somos nosotros los que no dejamos que reaparezca?
Como la magia. Como la imaginación o realidad. Como un sueño. Como la nada o como el todo.
¿Saber o no saber? Yo lo llamaría desconocer lo que sabemos. ¿Duda o seguridad? Yo lo llamaría dudar de lo que percibimos seguro. Porque en realidad, no concebimos ningún momento como perpetuo. O sí pero intentamos taparlo. Porque la vida no es aprender a olvidar, la vida es aprender a superar. Aprender a convivir con los recuerdos. Aprender a comprender. O empezar a comprender lo ya aprendido.

Estar perdido. Después encontrarse. O perderse en lo encontrado. Tener miedo o ser valiente. Mejor dicho, ser valiente teniendo miedo. Sonreír y después llorar. Llorar sonriendo. Amar odiando u odiar lo amado. No importa lo que es relevante, pero lo que es relevante lo pasamos por alto. No existe lo perpetuo sin aquello que tiene final. Pero tampoco existe la nada sin el todo.

Confianza. Palabra complicada, rodeada de tantos tópicos y no tópicos, cuyo significado es tan variable como los pensamientos. No solo consiste en creer. La confianza esta rodeada de muchos adjetivos, variables incontrolables y situaciones. Asemejada a una melodía, cuyas notas quizá sean las mismas, pero en cada oído suenan diferentes. No existe una definición común, no existe una receta global que nos diga la forma de encontrarla o mantenerla. No existe un libro que nos diga cómo, cuándo, dónde o por qué. Es tan frágil y tan complicada, que el encontrarla se convierte en indispensable. Y es que lo difícil atrae, pero a su vez nos aleja. Estamos acostumbrados a definir confianza con "creer". Pues bien, confianza no sólo es creer. Creer es el objetivo final. Y ahí yace el error común. Nos fijamos en el final del camino y no en el sendero hasta llegar a él. Estamos acostumbrados a que nos digan el objetivo idóneo, pero no nos percatamos de que lo importante es cómo llegamos hasta él. Eso es lo que nos permitirá mantenernos y triunfar. 

No existe un método único, pero sí existe un comienzo claro. Y es en buscar en uno mismo. Encontrar el yo que se ha escondido, que tiene miedo, que no quiere fallar. Es entonces cuando "ella" volverá a nosotros. Pensar. ¿Qué es pensar? Meditar. ¿Qué es meditar? Diferentes palabras, pero muy relacionadas entre sí y con todo lo que nos rodea. Sin embargo, existe una gran excepción. La confianza va ligada al yo sin ataduras, al yo sin miedos, al yo que se permite fallar. Está ligada al yo que se permite vivir.

Existe una estrecha línea entre la mente y la confianza, tan estrecha que se rompe cada vez que la cantidad de pensamientos acechan. Ella intenta oponerse, se resiste. Pero la mente es como las olas del mar que cogen fuerza y rugen y no existe nada que las detenga. Y es cuando nuestra confianza se ahoga. No puede salir, y se rinde. Buscamos algo que nos empuje a la superficie, que nos ayude a desatar el ancla que nos une a la profundidad. Parece que lo encontramos y asomamos la cabeza pero volvemos a sumergirnos. Y así, una y otra vez. Hasta que nos damos cuenta que lo importante no es salir a la superficie si no cómo llegamos hasta ella. De esa manera, nos hundiremos pero sabremos cómo volver a respirar. 

Como una amiga. Como un sueño, como un anhelo. Pensar no nos las devolverá. Actuar, sentir, gritar, llorar y reír. Vivir y luchar. Eso es lo único que hará que todos los fantasmas se rindan y desaparezcan. Y es entonces, cuando la meta estará más cerca de nosotros. Y es cuando con pasos de hormiga, sin prisa pero sin pausa, disfrutaremos de nosotros mismos y de nuestro yo. 















viernes, 27 de junio de 2014

"Para eso estoy yo, nunca lo olvides".

¿Un fondo en blanco? ¿Melodía sin letra? ¿Hablar callando?

Resulta paradójico cómo nos pasamos la vida intentando llenarla. Intentando buscar sentido a un mundo que probablemente ni lo tenga. O sí. Quién sabe. Nunca lo sabremos. O bueno, quizá ...

Como cuando empiezas a escribir y no sabes por qué. Porque sí. Porque te apetece. Porque lo necesitas.
Como cuando empiezas a cantar bajo la ducha y tampoco sabes por qué. Porque estás triste. Porque estás contento. O simplemente porque no estás. Pero necesitas estar de alguna manera. 
Como cuando gritas con todas tus fuerzas pero nadie te oye. Y sin embargo cuando callas, todos parecen prestar atención. 
Como cuando te levantas y haces lo de siempre. ¿Por qué lo haces? No lo sabes. Hay algo que te empuja. 
Como cuando parpadeas, te rascas o bostezas. Lo necesitas, pero sigues sin saber por qué. Pero tampoco te lo preguntas, no prestas atención. No interesa.
Como cuando ríes, como cuando lloras. Te sale, no lo controlas. Dicen que a eso lo llaman sentimientos. Pero yo no lo sé. Creo que nunca lo he vivido. 

¿Quedarse en blanco? ¿Mirar a un punto fijo durante un rato?

Qué es lo que significa todo aquello. Qué es lo que hace que no pensemos, que no escuchemos, que callemos. A menudo aparecen estudios y más estudios intentando buscar respuestas. Pero muchas veces ellas no son las mismas para todos. Porque no todos somos iguales. Por suerte o por desgracia. 

¿El sentido? El sentido está en cada uno. No hay un sentido común. Para mi no. Hay un sentido propio. ¿La locura? Para mi no existe la locura. Porque lo que para mi puede ser locura, para otro es sabiduría, o viceversa. 
¿La felicidad? Otro término general al que todo el mundo cree que tiene alcance y que todos creen saber lo que es. Pero amigos, la felicidad tampoco es bien común. 
¿La tristeza? Retórica pura. Definición subjetiva y susceptible a diferentes situaciones y personas. 

Lo veo desde fuera y pienso, ¿pero qué es todo aquello? Lo observo e intento estudiarlo. Pero no, no llego. O no quiero llegar. Quizá eso es demasiado para mí. Veo que todo ello es difícil pero a la vez merece la pena. Pero, ¿asumir riesgos? ¿por qué? ¿para qué?…

Parece demasiado grande, o quizá yo piense que no llego. Pero ¿y si demasiado también es una percepción sólo humana, y lo que realmente sucede es que no existe? ¿O simplemente es que lo nuevo me aterra? 

¿Intentar? Para qué intentar… ¿Correr el riesgo? Para qué correr el riesgo… Y es entonces cuando recuerdo cómo alguien me explicó, que la vida es para vivirla, para correr riesgos, equivocarse o acertar, pero para ser valiente. 
Es entonces cuando recordé, que en la vida "1+1 nunca es igual a 2" y que tener miedo es lícito, pero permitirnos ser felices también lo es. 

Pero a la vez medité, ¿qué voy a entender yo, una hormiga diminuta, sobre lo que es la vida? Y ésta me contestó: "Para eso estoy yo, nunca lo olvides". 









lunes, 23 de junio de 2014

"Detrás de un tercero siempre viene un primero"

¿Cómo explicar situaciones que nos suceden que ni nosotros entendemos? ¿Cómo encontrar el equilibrio en nuestro interior cuando parece inalcanzable?
"Quizá no hay sentido en lo que escribo. Quizá quiera compartir lo que siento. Quizá sea porque escribir es un arte. Un arte en el que con una palabra puedes decir otras tantas. Quizá sea porque mis dedos hablan más que mis labios. ¿Inspirada? Quizá busque inspirar. Inspirar a otros. El movimiento es continuo y no cesa, hay mucho que decir y tan poco que callar", mis manos dicen lo que mi mente habla.
Una imagen de un mundo perfectamente ovalado existe en mundos paralelos a los que nosotros no pertenecemos. El dibujo de un círculo siempre tiene trazos diferentes vistos por otros ojos. Hasta el color más claro es incluso el más oscuro. Y es que el mundo tiene partes puntiagudas que se clavan cuando menos lo esperamos. Preguntas como ¿por qué a mi?, son frecuentes en nosotros mismos. Pero hay preguntas que no tienen respuesta. O tienen una que no es la que esperamos. 
¿Entender? Buscamos entender y comprender. ¿Respuestas? Buscamos respuestas y razones. Pero eso es en lo que nos equivocamos. Nos equivocamos en intentar encontrarlas en un preciso momento. El "ya" y el "ahora" son variables que tiene un precio casi inalcanzable para los compradores, nosotros. La instantaneidad es un regalo poco común al que todos buscamos acceso. Pero el instante, es un bien preciado pero a su vez poco útil. 
 En su lugar nos regalan el tiempo. El tiempo ingrediente imprescindible que creemos que entendemos pero en realidad no lo comprendemos. No lo apreciamos en su justa medida. Lo gratuito nunca es entendido como atractivo. Y es por eso por lo que lo despreciamos cuando creemos que lo adoramos. Y no nos damos cuenta. No nos damos cuenta de que es la clave que permite que la melodía tenga un tono rozando lo perfecto. 
Yo he aprendido a no buscar respuestas a preguntas que no la tienen. O quizá miento. Miento y mentimos. Porque muy en el fondo el ansia de encontrar esas respuestas nos carcome por dentro. Pero por otra parte, me doy cuenta que buscar no es el problema. El problema es enfocar. Enfocar es lo que nos dará las respuestas y nos hará entender de otra manera. 
El humano es un ser imperfectamente perfecto. Pero lo perfecto está en aquello que es imperfecto. Muchas veces es importante hacerse pequeño para volver a crecer.Y es que no comprendemos que también está permitido ser imperfecto. Porque detrás de un tercero viene un primero. Porque detrás de una casa vienen unos cimientos y detrás de una lágrima viene una sonrisa. Que de una gota se puede hacer un río, pero de un río puede nacer una gota. Porque detrás del éxito reside el sufrimiento. 
¿Hormigas? Seres diminutos. Molestos. Que nos pican. Que nos muerden. Que simplemente viven. Animales diminutos que pasan desapercibidos a nuestros ojos. Ellas entienden el mundo. Entienden que para no pasar frío en invierno hay que sacrificar el verano. Aprenden. Enfocan su vida en pequeñas cosas. Comprenden que para construir algo grande hay que empezar por algo pequeño. Aceptan que los resultados no vienen en cigüeñas a sus casas. Saben que son ellas quienes tienen que salir en su busca.